Se destaca la facilidad con la que Barrelier engañaba a todos, incluyendo a su amigo, a la madre de Agostina, a sus novias e incluso a la pareja con la que vivía. Durante las primeras horas de la investigación, hasta el fiscal creyó en su palabra.
Este engaño generalizado permitió a Barrelier manipular la percepción de la realidad y desviar las sospechas. La credibilidad que inspiraba facilitó su accionar delictivo y retrasó el avance de la investigación, generando un clima de confusión y desinformación.