Un devastador terremoto de 7,8 en la escala de Richter sacudió Filipinas, causando la muerte de al menos 14 personas y dejando más de 130 heridos, muchos de ellos de gravedad.
El sismo provocó el colapso de viviendas y la caída de estructuras, mientras que la alerta de tsunami emitida para la región generó momentos de pánico. Se registraron olas de hasta dos metros en varias provincias y en el norte de Indonesia.
Los momentos de terror se vivieron también en escuelas, donde los alumnos fueron evacuados, y en centros comerciales. A pesar de que el tsunami de gran magnitud finalmente no ocurrió, el terremoto dejó un saldo trágico y cuatro réplicas que agravaron la destrucción.