El segundo tipo de silencio divino ocurre cuando Dios espera la obediencia del creyente. Tras revelarse y pedir algo, Dios guarda silencio, esperando la respuesta y reacción de la persona. Si no se cumple lo pedido, Dios no se vuelve a revelar hasta que se obedezca.
Se ejemplifica con Abraham, quien desobedeció parcialmente al quedarse en Arán en lugar de ir a la tierra prometida. Durante ese tiempo, Dios no se le reveló, esperando su decisión de obedecer plenamente. La enseñanza es que hasta que no se obedezca lo último que Dios ha pedido, Él no se revelará nuevamente.