Se introduce una miniserie sobre el Salmo 91, destacando que la clave para recibir sus promesas es creer en Dios y buscarlo activamente, no solo visitarlo ocasionalmente. La enseñanza enfatiza que "habitar a la sombra del Altísimo" garantiza la protección divina.
La primera promesa del Salmo 91 es la fortaleza interior. El predicador cita al salmista: "Yo le digo al Señor: Tú eres mi refugio, mi fortaleza. Dios mío, confío en Ti". Se explica que esta es una actitud del corazón, no solo palabras, y que incluso en momentos de crisis, quien habita en Dios sentirá una fuerza interior imparable.
Se anima a los oyentes a ser "buscadores poderosos de Dios", a dedicarle tiempo y a mantener un compromiso de búsqueda. En situaciones de miedo o debilidad, esta fuerza interior permitirá declarar confianza en Dios, rechazando el temor y reafirmando la fe.