Se cuestiona la estrategia de comunicación hacia el público, sugiriendo que si el mensaje no es comprendido, se debe cambiar el discurso en lugar de insistir en el mismo repertorio. Se aboga por no subestimar la inteligencia del público.
Se debate sobre la interpretación de las canciones y si estas deben ser un consuelo para la pobreza o un llamado a la acción. Se plantea la responsabilidad del artista en el contenido de sus obras y cómo estas pueden influir en la percepción de la realidad por parte de la audiencia.