Se profundiza en el concepto de primicias, extendiéndolo al tiempo y los recursos. Se plantea la pregunta de a quién recurrir en momentos de problema, indicando que las primicias se aplican al tiempo, recursos, dones, día, mes y año.
Se reitera que es un principio de adoración y honra colocar las primicias ante el Señor. Lo primero y lo mejor debe ser para Dios: en el día, la semana, el año, los recursos, las fuerzas y los pensamientos. Al darle a Dios lo primero, el resto queda bendecido, santificado y consagrado.