Se recalca que poner a Dios en primer lugar, a través de las primicias, es un principio escritural de honra y adoración, no solo una ley. Esto aplica no solo a las finanzas, sino también a los pensamientos y el tiempo dedicado a Dios.
Se señala que llegar tarde al culto implica no ofrecerle a Dios lo primero y lo mejor del tiempo, que es parte de la adoración. Las primicias, en este sentido, implican dedicarle a Dios el inicio del día y el comienzo de las actividades como muestra de gratitud y priorización.