La inestabilidad política en Perú es una constante, con una sucesión de presidentes en la última década y una constitución de 1990, impulsada por Alberto Fujimori, que otorga gran poder al Congreso y dificulta la gobernabilidad.
Esta fragilidad se extiende a la posibilidad de que el próximo gobierno, sea cual sea, enfrente serios desafíos para mantenerse, dada la polarización y la debilidad de las bases legislativas. El único cargo que ha mostrado estabilidad es la presidencia del Banco Central, gracias a la resistencia que ofrece la constitución fujimorista ante posibles destituciones.
A pesar de una macroeconomía relativamente estable y una apertura comercial, Perú enfrenta una economía en gran parte "en negro" y altos índices de pobreza, lo que genera conflictividad social y política. Se plantea la pregunta de cuán gobernable puede ser un país tan dividido.