Se explora el concepto de permacultura y su aplicación en la agricultura andina, con un enfoque en la economía circular. Técnicos del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) trabajan en los valles andinos del noreste argentino para implementar prácticas donde los cultivos y actividades de un establecimiento se complementan, diversificando la producción y reduciendo la dependencia de insumos externos.
La bióloga Florencia Barbaric coordina un proyecto que busca acercar a los productores a este modelo. Se destaca que este enfoque, ya aplicado en la antigüedad por comunidades de la región, se basa en que los elementos del sistema productivo circulen el mayor tiempo posible dentro del predio, mejorando las ganancias y disminuyendo costos, a la vez que se reduce el impacto ambiental.
El avance de la agricultura moderna en las últimas décadas llevó al abandono de estas prácticas en favor de agroquímicos y cultivos exóticos. Sin embargo, el aumento de costos y la caída de rendimientos han motivado a productores como Néstor Vilca, de la Quebrada de Humahuaca, a retornar a los cultivos tradicionales. Con el apoyo del INTA, agricultores como Vilca están adoptando técnicas que modernizan las prácticas ancestrales, utilizando recursos y subproductos como desechos animales para fertilización (con técnicas como Bokashi) y alimentación de ganado (mediante silos), y reincorporando la apicultura.
Este modelo promueve una agricultura más sostenible e integrada al ecosistema, conservando la diversidad genética y las prácticas culturales asociadas. Se busca una conservación in situ de los recursos genéticos, en contraste con la conservación ex situ en bancos de semillas, valorando el conocimiento local y la conexión con la tierra.