Se establece una conexión entre la fiesta de las primicias y la celebración de Pentecostés. El día en que el sacerdote mecía la gavilla (el día después del día de descanso, es decir, un domingo) 50 días antes de Pentecostés, se alinea con el momento en que el Espíritu Santo descendió en Pentecostés, que también fue un domingo a las 9 de la mañana.
Se relaciona este hecho con la resurrección de Jesús, que ocurrió un domingo por la mañana. Se menciona el encuentro de Jesús con María Magdalena y la posterior aparición a los discípulos esa misma noche, destacando que Jesús permitió que lo tocaran después de Su ascensión al Padre.