Se reitera la conexión entre la oración y el poder, indicando que a mayor oración, mayor poder. Se recuerda que Jesús envió a sus discípulos a Jerusalén para que oraran y recibieran el poder del Espíritu Santo. La reunión de oración en el aposento alto fue fundamental para el derramamiento del Espíritu y la conversión de miles.
Se cuestiona por qué la iglesia actual, que ora solo 10 minutos, no experimenta el mismo poder que la iglesia primitiva, que oró durante 10 días. Se concluye que la oración continua es la fuente del poder y la presencia de Dios en la iglesia.