El Mundial de Fútbol 2026 se perfila como un reflejo de las tensiones políticas globales, con la geopolítica jugando un papel crucial. Donald Trump busca promover su agenda nacionalista, incrementando controles migratorios y generando fricciones con Irán.
La FIFA enfrenta críticas por un "doble rasero diplomático" al vetar a Rusia por la guerra en Ucrania, mientras permite la participación de Israel e Irán en medio de la crisis en Medio Oriente. La organización argumenta no poder resolver problemas geopolíticos, lo que analistas consideran un trato desigual.
El concepto de "Sportwashing" se evidencia en cómo países y organizaciones utilizan el deporte para mejorar su imagen, ocultando abusos a derechos humanos o corrupción, como en los casos de Alemania Nazi, Argentina 1978 y Qatar 2022. Las políticas migratorias de Trump y la creación de una "Asamblea Anticopa del Mundo" en México acentúan el debate sobre la incidencia geopolítica en el certamen.