Se recuerda el partido entre Irán y Estados Unidos en el Mundial de 1998, donde los iraníes regalaron flores a los norteamericanos, evidenciando que las cuestiones pacíficas y deportivas podían superar las políticas. Se expresa el deseo de que el deporte enseñe a la política y sea un factor de unión y amistad.
Sin embargo, se reconoce la delicada situación actual en Medio Oriente que afecta al mundo, y se anticipan cambios en el juego para hacerlo más rápido, con reglas más estrictas en los saques de arco, laterales y cambios, además de la implementación de tecnología como cámaras corporales para los árbitros.