Se enfatiza que las primicias abarcan no solo finanzas, sino también el tiempo, los recursos y los dones. Los primeros pensamientos de la mañana, las primeras palabras de gratitud y la mejor energía deben ser dedicados a Dios.
Llegar tarde a los cultos o no dedicar el primer día de la semana a congregarse implica no dar a Dios lo primero y lo mejor. Se exhorta a dar las primicias del tiempo, los recursos, los dones, el día, el mes y las fuerzas, reconociendo que poner a Dios en primer lugar es un principio de honra y adoración.