Se subraya que las primicias garantizan bendición sobre el resto, y que la cuestión principal no es la provisión, sino la prioridad y el orden en la vida. Al honrar a Dios con lo primero y lo mejor, se asegura no padecer necesidad.
Se anima a dar "fuerte gloria a Dios" bajo el lema "primero lo primero, primero Dios". Se reitera que cuando Dios es puesto en primer lugar, el resto de las áreas de la vida permanecen bendecidas, santificadas y consagradas.