Se enfatiza la importancia de la fe osada, intrépida y perseverante, que no se rinde ante las dificultades, comparándola con Jacob y la mujer sirofenicia. Se advierte contra el desánimo y la tentación de abandonar cuando las cosas no funcionan inmediatamente, como en una meseta ministerial.
Se recalca que la perseverancia es fundamental, incluso cuando se doblan las rodillas repetidamente y no se ven resultados. A veces, un "duro invierno" precede a la manifestación divina y la bendición. La clave está en no aflojar y seguir adelante, demostrando a Dios la seriedad del compromiso y el deseo de Él por encima de sus dones.