Matías y Luzmila, inquilinos de la casa donde presuntamente ocurrió el crimen de Agostina, se encuentran bajo sospecha y con consigna policial. Se cuestiona su posible rol en el encubrimiento del hecho.
Faceta mencionó a Matías como la persona con la que compartía una cerveza en la habitación que también usaba Barrelier, pero la justicia no tiene información sobre su paradero. Luzmila, por su parte, ingresó a la casa junto a la esposa de Barrelier para limpiar, modificando la escena del crimen.
Se critica duramente la actuación del fiscal por permitir que la escena del crimen no fuera debidamente asegurada, lo que facilitó el ingreso de estas personas y podría haberles permitido deshacerse de pruebas. Esta falla podría tener graves consecuencias legales para el funcionario.