Se genera sorpresa por la reunión entre Juan Grabois y el magnate Peter Thiel en la mansión de este último en Barrio Parque.
Grabois justifica sus encuentros con diversas personalidades, incluso de pensamiento opuesto, argumentando que siempre es bueno reunirse con convicciones claras sobre a quién representa.
Se contrasta esta reunión con otras anteriores de Grabois, más públicas y transparentes, como la mantenida con el embajador de Estados Unidos.