La fauna marina de la Patagonia, especialmente lobos marinos, cormoranes y pingüinos, fue vista durante siglos como un recurso económico de gran valor, atrayendo a exploradores a la región. La riqueza inconmensurable bajo el agua, que los europeos del siglo XVI no percibieron, es hoy fundamental para el ecosistema.
En la Isla Leones, a poca distancia de la costa, se asienta una colonia de pingüinos magallánicos. Las huellas de ocupaciones humanas indican que estos animales han habitado la isla por siglos. En el pasado, se extraía aceite de pingüino y grasa de lobos marinos para combustible, lo que llevó a la instalación de factorías, como una francesa que dejó vestigios en la zona.
El guano, excremento de aves marinas, también fue extraído durante décadas como fertilizante. A mediados del siglo XIX, la presencia de hombres dedicados a la explotación de pingüinos y lobos marinos era significativa en la zona, en un momento en que el resto de la Patagonia estaba prácticamente deshabitada por europeos.