Se enfatiza que el rol del artista es transmitir emociones y generar enigma para que el público penetre en su obra. El objetivo no es que el público entienda lo que el artista piensa, sino que emprenda un viaje personal de descubrimiento e imaginación.
Se compara esta técnica con la de los haikus, donde los silencios y lo no dicho son tan importantes como las palabras escritas, buscando provocar una conexión íntima con el espectador.