Se reitera que poner a Dios en primer lugar, dándole lo primero y lo mejor, garantiza bendiciones. Se compara con el principio de que si Dios es lo primero, todo lo demás (vida, casa, hijos, economía) será bendecido.
Se enfatiza que honrar a Dios con las primicias asegura que los graneros se llenarán a reventar y que la bendición de Dios caerá abundantemente sobre los hogares. Se menciona que la motivación principal de las primicias debe ser la adoración y la honra a Dios, no solo la expectativa de recompensa.