Se anima a tener una "fe testaruda", aquella que insiste y no se rinde hasta recibir la bendición. Se afirma que nadie que acude a Jesús con fe se va con las manos vacías. La clave está en demostrarle a Dios la seriedad del compromiso y el amor por Él mismo, más que por sus regalos.
Al mostrar persistencia, los cielos se abrirán y se concederá lo que se pide. Se enfatiza que no se debe aflojar, sino perseverar, ya que a veces un "duro invierno" precede a la bendición. La oración será respondida si se demuestra esta fe insistente.