La llegada de los restos de Carlos Gardel a Buenos Aires en 1935 provocó una de las despedidas más multitudinarias de la historia argentina, superando las expectativas logísticas y demostrando el fervor popular por el ídolo.
Tras su fallecimiento en Colombia, sus restos iniciaron un periplo que incluyó paradas en Nueva York y Montevideo, hasta arribar finalmente a Buenos Aires en un barco. A su llegada, una multitud desbordó el puerto, ansiosa por despedir al Zorzal Criollo.
Las imágenes de archivo muestran el fervor de la gente, que llegó a arrancar las manijas del ataúd en un intento desesperado por acercarse y tocarlo. La magnitud del evento fue tal que el traslado desde el puerto hasta el cementerio se extendió considerablemente, con personas abalanzándose sobre el cortejo fúnebre.
Este evento se compara con otras despedidas históricas de ídolos populares como Jorge Newbery y Diego Maradona, evidenciando la profunda conexión emocional que figuras de esta magnitud generan en el corazón de la gente, trascendiendo el tiempo y las circunstancias.