Se debate sobre la posición política de artistas como Connie Duprat, identificados como de centro-derecha. Se menciona el incidente en que Brandoni fue silbado durante una presentación, sugiriendo una reacción adversa hacia posturas políticas conservadoras en el ámbito artístico.
Se cuestiona si los artistas deben validar su obra con sus ideas políticas, y se plantea que el problema no reside en los artistas de centro-derecha, sino en la reacción de ciertos sectores del público que los silban. Se sugiere una división en el ambiente artístico según las posturas políticas.