Los abuelos de Agostina comparten recuerdos de su nieta, describiéndola como una niña luminosa, querible y espontánea, con una sonrisa hermosa.
Recuerdan su alegría al caminar por la calle, sus imitaciones y su entusiasmo al tomar un helado, momentos que atesoran.
Agostina vivió con sus abuelos y su madre desde los cuatro años, quienes la criaron y la vieron crecer.
Se destaca la importancia de recordar a Agostina y mantener viva su memoria, a pesar del dolor de su ausencia.