Se reflexiona sobre la complejidad de la figura del Indio Solari y su legado, así como la tendencia a mezclar su expresión artística con la ideología política.
Se cuestiona la idea de que apoyar o idolatrar a un artista implique compartir todas sus posturas políticas o que no hacerlo convierta a alguien en "criminal". Se menciona la controversia sobre la violencia en los recitales de Los Redondos y la sentencia de que un líder antisistema no puede vivir cómodamente.
Se expresa incomodidad ante la apropiación de figuras artísticas para fines políticos y la imposición de una única forma de pensar, abogando por la libertad individual y el respeto a las diferentes interpretaciones del legado del Indio Solari.