El Indio Solari reflexiona sobre la extensión de la vida humana y la decrepitud que a menudo la acompaña. Señala que, si bien la ciencia médica ha aumentado el promedio de vida, los años de plenitud física y mental son limitados.
Considera que la decrepitud, con sus dolores y limitaciones, no es una etapa agradable. Plantea que la vida genética del ser humano podría estar en torno a los 50 años, y que los años adicionales son una carga. Acepta que está entrando en esa etapa, reconociendo que no sirve para ser "viejo" y que ha considerado la muerte como una liberación.