La despedida del Indio Solari se vivió como una "misa ricotera", un evento que trasciende clases sociales, edades e ideologías, manteniendo viva la llama de la cultura y la democracia.
Se destacó la influencia del Indio en la formación de generaciones, marcando a estudiantes y militantes en los años 90 y dejando un legado de lucha y estética.
Los asistentes expresaron la profunda conexión emocional con el Indio, considerándolo un "hermano mayor" y un símbolo de lo "que está bien", un emblema de la cultura argentina.
Se hizo un llamado a continuar con lo popular y la cultura propia, en contraposición a la idea de "vender todo", y se mencionó la figura de Cristina Fernández de Kirchner en el contexto del legado a seguir.