Numerosos fanáticos se congregan en Villa Domínico para la despedida del Indio Solari, generando una masiva "misa ricotera". Los seguidores expresan su dolor y resignación por la partida de los "buenos", pero también mantienen la esperanza de que el legado del Indio perdure.
Los testimonios de los presentes resaltan la singularidad del fenómeno generado por Solari, una convocatoria que trasciende lo artístico para convertirse en un símbolo. Se destaca la fuerza de la gente y la conexión emocional que el músico estableció con su público a lo largo de generaciones.
Para muchos, el Indio Solari representa más que un artista; es un ícono cultural que marcó etapas significativas de sus vidas, desde la infancia hasta la adultez, brindando consuelo y desahogo a través de su música.