Controlar los factores de riesgo, mantener la actividad física y fomentar la sociabilidad son pilares fundamentales para afrontar cualquier enfermedad y mejorar la calidad de vida. La interacción social y el movimiento constante actúan como protectores.
Se destaca que los individuos más sociables tienden a ser más longevos. La participación en encuentros sociales, incluso en casa, se presenta como una "inyección de vida", fortaleciendo la resiliencia ante desafíos de salud.