Praga, la capital de la República Checa, rinde homenaje a Franz Kafka, uno de sus escritores más célebres, cuya obra sigue fascinando especialmente a los jóvenes a más de un siglo de su muerte.
El recorrido por la ciudad incluye visitas a lugares emblemáticos como el Puente de Carlos, el reloj astronómico y el Museo Kafka, donde se exhiben diarios, cartas y primeras ediciones de sus obras. La escultura cinética de Kafka y el reloj del Ayuntamiento son puntos de interés que atraen a multitudes.
Dagmar Worska, guía turística y fanática de Kafka, acompaña en la exploración de sitios clave de su vida, como la casa donde vivió en su infancia y la Universidad Carolina, donde estudió Derecho. Se destaca la complejidad de la identidad de Kafka (alemán, judío, checo) y la efervescencia cultural de la Praga de su época.
La obra de Kafka, prohibida tanto por los nazis como por los comunistas, es hoy un símbolo del turismo en Praga. Su popularidad, que parece haber aumentado tras el centenario de su muerte, radica en su capacidad para capturar la sensación de lucha contra el sistema y la burocracia, un sentimiento que resuena en la sociedad contemporánea.