La Plaza de Mayo se convierte en un símbolo de "abrazo colectivo" en el homenaje al Indio Solari, donde la gente se congrega para compartir la emoción y el recuerdo.
Los asistentes relatan historias personales que los vinculan con el artista, ya sea a través de Los Redondos, los Fundamentalistas o sus mensajes.
Se describe el momento como una "fiesta" y un "dolor dulce", reconociendo la complejidad de las emociones que genera la despedida del ídolo.