La hermana Marta Pelón y Olga Fernández Chávez enfatizan la necesidad de que la sociedad se organice y exija al Estado que cumpla con su deber de protección. Señalan las trabas en las denuncias policiales y la lentitud de la justicia como obstáculos para que las víctimas obtengan respuestas.
Se subraya la importancia de articular con instituciones gubernamentales que no funcionan y de exigir abogados defensores de niños y defensores oficiales, dado que Agostina era una niña y muchas otras mueren sin justicia.
Se destaca la urgencia de la educación como herramienta para prevenir la violencia y se enfatiza que las instituciones deben funcionar para escuchar las problemáticas de los menores, quienes a veces se encuentran en soledad absoluta.