Tras un mal cálculo en su inversión de calabazas, Homero Simpson se declara en bancarrota y considera vender uno de sus hígados para recuperarse. La noticia lo angustia, temiendo cómo decírselo a Marge.
La situación financiera de Homero se vuelve crítica, llevándolo a contemplar medidas desesperadas. La preocupación por el bienestar de su familia se mezcla con la desesperación económica.