José detalla que fue el hijo de Soledad quien llevó el auto para lavar. Describe la interacción como normal, sin notar nerviosismo ni explicaciones inusuales por parte del conductor, quien además estaba acompañado por su novia. El auto fue dejado en el domicilio para su lavado.
Una vez terminado el lavado, el hijo de Soledad regresó, pagó por el servicio y se retiró. José no observó ningún comportamiento extraño en él en ese momento. Sin embargo, le pareció inusual que el auto estuviera tan sucio exteriormente, ya que en ocasiones anteriores en que lo habían lavado, no se presentaba en ese estado.