Se cuestiona el momento en que Flor Peña trae a colación el tema de su hijo, especialmente después de la trágica noticia de Agostina. Se sugiere que su accionar podría ser oportunista y que mezcla situaciones que no tienen relación.
Se defiende a Flor Peña como madre, destacando su rol en la crianza de su hijo de 8 años y su conocida libertad y humor. Se argumenta que el contexto del juego de su hijo no debe ser malinterpretado ni asociado con temas graves.