Se desmitifica la idea de que el Parkinson sea una enfermedad dolorosa, aclarando que la principal consecuencia es la pérdida de agilidad, rigidez y lentitud, síntomas que pueden ser controlados con medicación.
Se recalca que el Parkinson es una enfermedad manejable, y que con el tratamiento adecuado, los pacientes pueden mantener una buena calidad de vida, desmintiendo el mito de que cause dolor crónico o inmovilidad total.