Se subraya la importancia de cumplir los votos y promesas hechos a Dios, citando a Job y David. Permanecer en la presencia de Dios requiere cumplir lo prometido, incluso a costa de un sacrificio personal.
Se utiliza el ejemplo de Ana, quien prometió entregar a su hijo al Señor si nacía. A pesar del sacrificio, cumplió su voto y fue bendecida con cinco hijos más. Esto ilustra que el cumplimiento de promesas, aunque difícil, trae bendiciones divinas.