Se visita el claustro de los franciscanos en Graz, conocido también como el barrio de los terneros, que refleja la tradición de separación entre instituciones religiosas y el Estado.
Se destaca el patio del claustro, donde se aprecian diversos estilos arquitectónicos como el gótico, renacentista y barroco, evidenciando las diferentes etapas constructivas del lugar.
Se narra una anécdota sobre cómo los franciscanos obtuvieron permiso para fabricar y comercializar vino en sus bodegas, siendo este un sustento importante para la orden y un producto apreciado en la ciudad.