Romina, una fanática del Indio Solari, comparte su profunda conexión con la música del artista desde su adolescencia, heredada de un familiar y fortalecida por una expareja.
Describe la noticia de su muerte como la pérdida de un ser querido, sintiendo que parte de su vida se ha ido con él.
A pesar del dolor, expresa la certeza de que el amor y el legado del Indio Solari trascienden su partida física, un sentimiento que se renueva en cada encuentro con su música.