Se aborda la problemática de la seguridad en los recitales del Indio Solari y Los Redonditos de Ricota, especialmente tras la muerte de Walter Bulacio en 1991. La banda optó por no contar con custodia policial, generando críticas y situaciones de riesgo.
El recital de Olavarría en 2017 se presenta como un punto crítico, donde la muerte de Juan Bulacio en una avalancha puso de manifiesto las consecuencias de la falta de seguridad. La elección de grandes extensiones de terreno para los conciertos, como en Olavarría, buscaba emular la dinámica de las "misas" anteriores, pero con resultados trágicos.
Se destaca la paradoja de que el propio público sufriera las consecuencias de la violencia, y la coincidencia del apellido Bulacio entre las dos víctimas fatales, un hecho que añade un giro sombrío a la historia.