Se analiza la naturalización de la violencia en la sociedad, desde el bullying hasta las acciones de políticos, como un caldo de cultivo para la violencia adulta. Se destaca que la falta de abordaje temprano de la violencia genera que esta se normalice como método de resolución de conflictos.
Se señala la importancia de trabajar en la prevención de la violencia y en la detección de sus huellas, incluso en casos de bullying, para evitar que escale a formas más graves. Se insiste en la necesidad de no naturalizar la violencia en ninguna de sus manifestaciones.
Se hace un llamado a reflexionar sobre la responsabilidad colectiva en la construcción de una sociedad menos violenta y a no revictimizar a las víctimas de femicidio, sino a abordar las causas estructurales que perpetúan estos crímenes.