Se compara la elección de los políticos por parte de la gente para solucionar problemas, con la elección de los músicos y artistas.
Los ciudadanos eligen a los artistas cada vez que deciden ir a un recital, comprar un disco o escuchar su música, y no necesariamente buscan que les cambien la vida, sino que disfrutan de su arte.
Se menciona que algunos se sienten representados por discursos antisistema, mientras que otros simplemente disfrutan de la música, y que la búsqueda de coherencia en artistas y políticos es a menudo infructuosa.