A pesar de atravesar una enfermedad como el Parkinson, el Indio Solari se mantuvo activo, priorizando la creación artística, los proyectos musicales y las nuevas ideas. El escenario era su lugar más feliz, donde encontraba una conexión única e inexplicable con el público que lo acompañó durante generaciones.
Solari definía la felicidad como aquello que le hacía bien, y esa conexión con su audiencia era fundamental. A través de su música, lograba generar un vínculo mágico y transferir esa felicidad, dejando un legado imborrable en la cultura argentina.