Se insta a centrar la atención en los agresores y en la prevención de la violencia de género, en lugar de enfocarse en las víctimas. Se cuestiona la formación de los varones que terminan convirtiéndose en femicidas y la falta de herramientas que el Estado proporciona para prevenir estas situaciones.
Se destaca la importancia de la educación y la intervención temprana ante señales de alerta, como la ausencia de Agostina en el colegio durante tres semanas. Se reflexiona sobre la responsabilidad de la sociedad y las instituciones en la prevención de la violencia.
Se cuestiona el rol de la madre en la denuncia y la posible influencia de factores externos en la investigación, y se aboga por una justicia con perspectiva de género que no revictimice a las víctimas.