El debate sobre el femicidio de Agostina se intensifica, poniendo el foco en la violencia estructural y la naturalización de la crueldad en la sociedad. Los panelistas discuten la importancia de abordar las raíces del problema, más allá del análisis individual de los casos.
Se señala que la violencia, desde el bullying hasta las agresiones verbales, sienta las bases para actos más graves en la adultez. La falta de intervención temprana y la normalización de estas conductas contribuyen a una sociedad violenta.
Se cuestiona la pasividad de algunos ante la violencia de género y la necesidad de que hombres y mujeres tomen conciencia de la problemática. La figura del agresor, su entorno y la aparente ceguera de quienes lo rodean son puntos clave en la discusión.
El caso de Agostina se presenta como un trágico ejemplo de las fallas sociales y familiares que dejan a los jóvenes en situaciones de alto riesgo.