Un oyente de Córdoba, Pablo Sosa, expresa su profundo dolor por la muerte del Indio Solari, describiendo una sensación física de malestar ("me duele el estómago, me duele la cara") y la necesidad de "poner una máscara" en su trabajo para ocultar sus lágrimas.
Relata que desde 2005 hasta 2017 era algo "religioso" ir a verlo a todos sus shows, afectando incluso su vida laboral y escolar. Destaca que los recitales del Indio eran eventos que congregaban a personas de todos los estratos sociales sin problemas.