Se describe la conmovedora escena en las inmediaciones de la casa del Indio Solari, donde el "pueblo ricotero" se congrega para despedir al artista. A pesar de no ser seguidor del Indio, el cronista reconoce la emoción que transmiten sus letras y la fuerza de la comunidad que lo rodea.
La situación en la calle se describe como tensa pero organizada, con los simpatizantes consensuando con la policía mantenerse detrás de una valla. Se observan velas y flores depositadas por los fans como homenaje, creando un "santuario" improvisado.