Se explora el concepto del gozo en el cristianismo, que no depende de las circunstancias externas sino de la relación con Dios.
Se contrasta el gozo que proviene del servicio a Dios con las comodidades mundanas, y se menciona la experiencia de un viaje misionero donde, a pesar de las dificultades, los participantes sintieron un gozo profundo.
Se enfatiza que la paz con Dios, obtenida al rendir la voluntad al Señor, es la fuente de este gozo inefable.