Se cuestiona la efectividad de una carta abierta dirigida a Vladimir Putin como método para propiciar un encuentro y negociar la paz en el conflicto con Ucrania.
Se plantea la duda de si esta estrategia busca realmente crear condiciones para una entrevista personal o, por el contrario, dificulta la posibilidad de un diálogo real.
Se sugiere que la comunicación debería dirigirse más a los "luchadores en la línea de intercambio" que a los autores de la misiva.